Hacia rutas salvajes (Into The Wild) de Jon Krakauer, cuenta la historia real de Christopher McCandless, Alexander Supertramp, quien adoptó ese seudónimo cuando decidió dejar atrás su vida anterior: su familia, la sociedad hueca y superficial, su dinero e incluso su identidad. 

No le gustaba la vida materialista y vacía, así que se fue de viaje sin rumbo fijo hasta llegar a Alaska. Yo creo que estaba tocado. Pedido. O quizá él era mucho para este mundo que corre cada vez más rápido hacia el precipicio. Sí, pienso que eso era. El era mucho mejor. 

Todo lo anterior pareciera ser muy estoico. Muy idealista. Un joven cuyos padres millonarios no podían suplir lo que realmente necesitaba. Quizá estaba hastiado de todo, incluso de él mismo. Quién sabe. El punto es que toma un par de chauchas, unos dólares que le ayudarían por lo menos para llegar a su destino final, —tal cual—.

También tomó su auto y se marchó, como la canción. En el camino conoce gente y vive experiencias que lo marcan. Si viste la película, te encantarán esos personajes. Personas tan distintas a lo que vemos hoy en día, llenas de compasión y amistad. Esa gente es muy especial y los actores fueron geniales en su interpretación.

Como en la película, el libro muestra sus ideas, sus errores y sus decisiones. Por cierto… una decisión que a más de alguno se le ha pasado por la mente… principalmente en los días terroríficos. Dejar todo atrás y mandarse a cambiar. 

El libro relata una historia compleja, pero sencilla de leer. Es una historia que hace pensar sobre la libertad y los sueños. También en los desafíos. El libro impacta, pero creo que la película logra conmover mucho más gracias a la música de Eddie Vedder (Pearl Jam), que es hipnótica y demasiado melancólica que, si te dejas llevar, terminarás escuchándola para toda tu vida o, —en el manicomio—, sobre todo con Guaranteed, Society, Long Nights, donde juras adoptar el papel de Alexander Supertramp, pero fruna, sin plata y en decadencia, pero hasta la eternidad, así de fallado. Pero es verdad.

Al terminar el libro, uno no queda igual. Cuando ves la película tampoco. Quedas peor. Pal gato. Te hace preguntarte si realmente estás viviendo como quieres o solo siguiendo lo que se espera de ti. La moda. O siguiendo al sistema, término muy trillado, pero coherente para este caso. Y te das cuenta que no eres muy distinto al protagonista del libro y la película, que es el mismo. Obvio.

También deja una sensación muy triste y desoladora: admiración por su valentía, pero dudas sobre si vale la pena llegar tan lejos, y no me refiero a Alaska. Así que, si estás así de mal en tu presente, pienso que mejor no veas la película y puedas con urgencia tomar una horita al psícologo. Y luego, cuando sanes —que lo dudo—, puedas escoger un libro más positivo y ver una película donde realmente te haga sentir bien. Te recomiento La Tumba de las Luciernagas de Studio Ghibli.

Osvaldinus
Últimas entradas de Osvaldinus (ver todo)