El Otro Julián
El sol abrasaba con crudeza sobre la avenida repleta de gente, pero Julián sintió un frío imposible cuando lo vio: su cuerpo se paralizó al verse a sí mismo, inmóvil al otro lado de la calle.
Vestía la misma camisa gris, el mismo pantalón oscuro, la misma chaqueta que tanto le gustaba, pero con una expresión endurecida, por algo que parecía conocer. Cuando el semáforo cambió, su alter ego se acercó y susurró: —No estás solo en esta realidad. Habló con una calma que no parecía humana. Julían lo miró con temor.
—Hay alguien cerca de ti que ha comenzado a erosionar tu vida. Sonríe contigo, pero habla contra ti cuando no miras. No te ataca de frente; te desgasta en silencio. Siembra dudas, te empuja lentamente al abismo.
—¿Quién? —preguntó, sintiendo que las voces y los rostros a su alrededor comenzaban a desvanecerse.
—Es quien más disfruta verte dudar, quien cree que su poder aumenta cada vez que piensa que tiene el control sobre ti. Te ha acompañado durante mucho tiempo.
—Las sombras no siempre habitan la noche, Julián. A veces caminan a tu lado, te saludan, te preguntan cómo estás, sembrando tu nombre en bocas ajenas, maldiciéndote en secreto.
Recuerda: yo lo viví antes que tú. Ya te he contactado otras veces, pero nunca quisiste creerme.
¿Otras veces? —Preguntó confuso, Julián. Tragando saliva.
El otro miró a su alrededor, como si la gente que pasaba formara parte de un escenario cuidadosamente diseñado. Luego, con voz baja, le preguntó si alguna vez había oído hablar de la ciencia cuántica o del efecto mariposa, esa grieta invisible en la teoría del caos donde una mínima alteración puede desatar destinos imprevisibles.
Julián, incapaz de comprender del todo lo que aquel hombre hablaba, negó lentamente con la cabeza.
¿Quién eres? —Soy la versión de ti que aprendió demasiado pronto que no todas las traiciones hacen ruido. —respondió el hombre. Mientras tanto, observaba la calle, como si leyera algo invisible entre las personas.
—Es alguien que te conoce. Alguien cercano.
—¿Quién? —susurró, sin atreverse a mirar atrás.
—Alguien a quien tú también conoces… —la voz parecía salir de ninguna parte, y al mismo tiempo de todas partes.
—Dime su nombre.
Su alter ego abrió la boca al mismo tiempo que cruzaba la calle, pero el chillido de unos frenos partió el aire.
Un automóvil lo embistió. La multitud gritó.
Julián corrió desesperado hacia él. Lo sostuvo entre sus brazos, mientras la sangre manchaba el pavimento.
—No me dejes —susurró. El cuerpo desapareció. Lo último que oyó: una sirena… y luego, oscuridad.
El silencio cayó como una sombra.
Al despertar, estaba en una habitación de hospital. Una enfermera acomodaba el suero junto a su cama.
—Tuvo suerte —dijo ella en voz baja—. El golpe fue fuerte, pero sobrevivió.
Julián frunció el ceño. No tenía dolor en su cuerpo.
—¿El hombre que atropellaron? ¿Dónde está? La enfermera lo miró con una extraña compasión.
—Señor Julián… no había nadie más en la calle. Usted corrió hacia la avenida gritando algo acerca de un nombre.
Esa noche, cerca de la medianoche, una figura idéntica a él apareció sentada al borde de la cama.
Su alter ego sonrió.
—Ahora sabes quién ha mentido durante todo este tiempo… y quién te espera para verte caer.
—Si. Lo sé. —Respondió.
El otro levantó la mirada hacia la puerta. —Vienen por ti, Julían. En esta línea de tiempo y realidad, las mentiras que dijeron sobre ti han colapsado y han hecho eco en aquellos que han elegido creerlas. Mentes vacías. Fácilmente moldeables. Mentes anestesiadas, intoxicadas por vicios, drogas y alcohol.
La enfermera observaba desde el pasillo. Y sonreía.
—Señor Julián, tiene una visita —dijo con una serenidad perturbadora.
En ese instante, el ruido seco de varios disparos desgarró el silencio del hospital.
Los gritos comenzaron a propagarse por los pasillos.
Julián giró la cabeza hacia la cama y su alter ego ya no estaba. Él tampoco.
En el reflejo oscuro de la ventana, la enfermera vio a dos hombres idénticos a Julián desvanecerse en el vidrio. Sus ojos la atravesaron, llenos de determinación en contra de la mujer y sus verdugos, que parecía existir fuera del tiempo.
El espejo tembló. Una mano invisible escribió desde el otro lado del cristal, de una dimensión que respiraba diferente: “En la próxima línea de tiempo vendremos por ti”.
Y comprendió que sus mentiras habían sido descubiertas; quedó completamente a la deriva y sola, incluso en su propia línea temporal.
- 21 de octubre Volver al Futuro II - 21 de octubre de 2026
- El año del pensamiento mágico de Joan Didion - 20 de octubre de 2026
- Un monstruo viene a verme de Patrick Ness - 19 de octubre de 2026