Los verdaderamente educados no son conflictivos
“El hombre bueno y honrado ni disputa él mismo con nadie ni, en la medida de sus fuerzas, se lo permite a otro… En eso consiste la educación, en aprender qué es lo propio y qué es lo ajeno.
¿Dónde hay aún lugar para la disputa para quien es así?”
EPICTETO, Disertaciones por Arriano 4.5.1; 7-8
Se sabe que Sócrates viajó por toda Atenas, buscaba a las personas con quienes menos estaba de acuerdo y entablaba discusiones extensas con ellas. En estas discusiones —o el registro que nos queda de ellas— hay muchos ejemplos en los que sus interlocutores se desesperaban, molestaban u ofendían por sus preguntas. En efecto los atenienses se molestaban tanto que sentenciaron a Sócrates a muerte.
Sin embargo, no parecía que Sócrates se molestara. Incluso cuando hablaba de temas de vida o muerte, siempre se mantenía calmado. Le interesaba más escuchar lo que su interlocutor tenía que decir que ser escuchado o —en lo que la mayoría insiste — ganar la discusión.
La próxima vez que sostengas una discusión política o tengas un desacuerdo personal, pregúntate: ¿Hay motivo para pelear por esto? ¿Discutir ayudará a resolverlo? ¿Una persona educada o sensata sería tan conflictiva? ¿O más bien respiraría, se relajaría y resistiría la tentación de entrar en conflicto? Piensa en lo que podrías conseguir —y lo mejor que te sentirías— si pudieras conquistar la necesidad de pelear y ganar cada batalla diminuta.
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