La tierra tiembla y el miedo recorre cada rincón de Venezuela. Entre casas destruidas y calles cubiertas de polvo, una niña encuentra un pequeño colibrí, herido y temblando. Lo toma con cuidado y lo protege entre sus manos encontrando refugio y descanso. Al verla, los vecinos comienzan a ayudarse unos a otros, compartiendo agua, pan y abrazos. Comprenden que, aunque los muros pueden caer, Venezuela es fuerte y la solidaridad permanece en pie. El colibrí alza su cabeza y mira a la niña en señal de agradecimiento. Cuando sale el sol, emprende el vuelo, como un recordatorio de que la esperanza siempre encuentra un camino. Venezuela sufre, pero también demuestra que su corazón jamás dejará de latir por su gente.

Fuente imagen: DW

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