Tanto los ruidos como los gritos eran insoportables. Hasta la locura. Cada noche, alrededor de las 22:00 horas comenzaba el desfile. Las caminatas y el traslado de muebles iban y venían. ¿Qué extraño? Pensaba. ¿Cómo podrían hacer aseo a esa hora de la noche? Mientras recuerdo todo aquello, no ceso de oírlos. Le pregunté a mi esposa si los escuchaba, ella respondió que sí. Mis hijos, sin poder dormir, me preguntaban de dónde provenía tanto alboroto y si haría algo al respecto.
Ahora que todo ha pasado, escribo estas líneas desde el patio central mientras veo a mi esposa caminar hacia mí. Viene a la visita conyugal.

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