Su aspecto era muy distinto al resto de los habitantes del pueblo. La mujer era elegante, no ostentaba riquezas. Era distinguida y joven, como si el tiempo no pasara por ella.
Algunas veces aparecía en el campo; otras, en la ciudad. Lo curioso era que, cada anuncio que hacía terminaba al día siguiente en una terrible tragedia. Antes usaba guadaña, ya no.

Osvaldinus
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