Bombus era especial, era mi amiga, a la gente le parecía extraño que anduviera con un abejorro en la mano a donde quiera que fuera, o mejor dicho, a donde quiera que ella iba. Se burlaban. Cuenta la leyenda que los abejorros transmiten esperanza y un nuevo comienzo, yo no lo entendía en ese tiempo, pero si los ancianos lo decían tenía que ser cierto. Yo apenas era una niña.

Hubo una época donde disfrutar de la naturaleza era común, las familias enteras caminaban libres por las calles y como parte de un ritual ellas sonreían. Había acabado el encierro, los niños corrían alegres detrás de sus mascotas. La pandemia había pasado. También sus víctimas. Los adultos eran buenos. Era lo que ellos creían.
Hoy, cuando la vida humana ha terminado, los registros de los antiguos almanaques nos cuentan que no aprendimos la lección, que no aprendimos nada. Solo queda una pequeña colonia de niños tras la destrucción total. Y las maquinas, sí, las terribles máquinas.

Las pestes, las guerras y los conflictos sociales; pero por sobre todo, el odio del ser humano ha acabado con todo aquello que tuvimos un día.

Hoy es octubre del año 2058, mi abejorro ha muerto y sostengo en mi mano no solo las marcas de mi pequeña amiga, sino también la esperanza de vida, su hija.

Osvaldinus
Últimas entradas de Osvaldinus (ver todo)