Amigos por siempre
Cuando el pequeño vio la figura tan de cerca, se quedó inmóvil, sin saber qué hacer. No era miedo lo que experimentaba, sino un profundo asombro ante lo que veían sus ojos.
—¡No te vayas! ¡No quiero estar solo! —le dijo el niño de rostro inquieto a aquella silueta.—.
—¡Tú eres mi amigo y jamás te abandonaré! Los amigos no se van, se necesitan; no se alejan, permanecen unidos para siempre.
Aquellas palabras conmovieron el corazón de la criatura. Lo que floreció en ese instante fue amor, un vínculo puro entre dos seres totalmente distintos y, a la vez, únicos. Y fue así, como desde aquel día, Tarzán y Cheeta permanecieron juntos para siempre.
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