Del libro, Kafka y la muñeca viajera de Jordi Sierra i Fabra

Mi apreciación de Kafka y la muñeca viajera, por Osvaldinus

Se cuenta que, poco tiempo antes de la muerte de Franz Kafka, el autor de La Metamorfosis tuvo un emotivo encuentro con una pequeña niña que lloraba desconsoladamente por la pérdida de su muñeca.

Kafka, incapaz de ignorar el dolor ajeno —y quizá también el suyo propio—, en lugar de continuar su camino, decidió detenerse ante aquella singular escena: una niña devastada por la ausencia de su juguete más amado. Movido por su sensibilidad y su amor por las letras, y tal vez también por las carencias afectivas que marcaron su vida —la frialdad de su padre, las tensiones familiares y las relaciones rotas que arrastró—, creó durante tres semanas uno de los relatos más conmovedores atribuidos a su figura: cartas escritas desde la voz de la muñeca, dirigidas a la niña, donde ésta le explicaba que no estaba perdida, sino viajando por el mundo y viviendo nuevas aventuras. Cartas cuyo paradero, hasta hoy, continúa siendo desconocido.

Quienes somos padres sentimos inevitablemente congoja al ver en aquella niña el rostro de nuestros propios hijos; especialmente el de una hija, si tenemos el hermoso y delicado privilegio de ser padres de una.

Y quienes encontramos en Kafka a un escritor singular, nacido en una época marcada por la guerra, el conflicto social y la incertidumbre del futuro, descubriremos también cuánto se parece su mundo al nuestro. Porque, al igual que en su tiempo, hoy convivimos con el caos político, la inseguridad social y la sensación permanente de fragilidad. En muchos lectores, incluso, esa atmósfera termina convirtiéndose en el reflejo de su propia existencia.

Es imposible no emocionarse con los diálogos y los constantes guiños que esta novela ofrece a la obra de Kafka. Referencias que invitan no sólo a pensar en el escritor, sino también a reflexionar sobre su compleja vida y sobre la inmensa deuda literaria que tenemos con su amigo Max Brod, quien decidió incumplir la promesa de destruir sus manuscritos tras su muerte.

Kafka y la muñeca viajera es, en el fondo, una obra dedicada a una sola personita: una niña. Una novela emotiva y esperanzadora que recrea lo que pudo haber sido uno de los encuentros más hermosos entre un escritor y una pequeña niña berlinesa en el parque Steglitz.

Que la próxima vez que escuches llorar a un niño —o a una niña— te detengas un momento, te inclines hasta su altura y lo escuches atentamente.

Osvaldinus
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