Durante años fui amigo de Edgar Allan Poe. Lo seguía a donde quiera que él iba. Me acostaba en su regazo y le hacía compañía mientras escribía sus cuentos. Los escuchaba cuando los leía en voz alta. Los disfrutaba. A muchos les llamaba la atención lo macabro que eran. No lo creí para tanto.

Lo comprendí tarde, luego que uno de sus personajes me arrancara un ojo, me vaciara la cuenca y me colgara de la rama de un árbol. Ahora poco lo veo.

Osvaldinus
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