Siempre a las 7:12. Una canción a la vez

Cada tarde, justo antes de que el sol termine de rendirse, Alexander se detiene frente al viejo parlante de la sala y piensa en ella. No es un equipo moderno ni sofisticado, pero guarda algo más valioso que cualquier tecnología.

Tiene un solo botón marcado con una cinta morada que dice play.

Ese botón no reproduce cualquier música. Es su playlist favorito, una colección cuidadosamente elegida de canciones que ha ido reuniendo desde el día en que se dio cuenta que estaba enamorado. No lo dice en voz alta, no lo escribe en ningún lugar… pero lo deja grabado ahí, entre acordes, letras y melodías.

A las 7:12 de la tarde, siempre a las 7:12 de la tarde, ella abre la puerta de la sala de estudio.

Y justo en ese segundo, Alexander presiona play.

La primera canción comienza suave, es una canción intensa y melódica, también melancólica, que habla su verdad y que siempre canta cuando la ve llegar y que tanto le gusta, como si supiera que debe acompañar ese momento exacto: el sonido de las llaves, el leve suspiro de ella al entrar, su perfume delicado, el roce de su chaqueta al caer sobre la silla. Cuando enciende el computador y arregla la impresora. Mientras cambia la música y da play a la canción que habla de ellos. La que guarda todo lo que nunca se dijeron. Las miradas mientras comen.

Él finge estar ocupado —leyendo, tomando café, revisando el celular, mirando cualquier cosa—, pero en realidad está atento a cada uno de sus movimientos. Está atento a su figura.

Ella nunca dice nada.

Pero una vez, mientras dejaba su bolso a un costado, se quedó quieta unos segundos más de lo normal. Sonrió apenas, sorprendida, como si reconociera algo invisible, fantasmal, extraño, pero cercano y familiar, su corazón latió fuerte y siguió caminando. Prestó atención y comprendió su misterio, él se ha ido, y lloró con amargura.

Alexander sintió que el corazón se le aceleraba. La observó con detenimiento y nostalgia aquel día y también entendió. Lágrimas descendieron sobre sus mejillas. Quiso abrazarla, pero no pudo.

Desde entonces, no falla ni un solo día. Aunque todo esté en su contra. Aunque esté cansado, aunque el mundo sea un desastre, aunque dude de todo… nunca olvida presionar play.

Alexander lleva tres años fallecido y cada día, a las 07:12 de la tarde, la hora de su defunción, el playlist comienza a sonar, mientras su enamorada llora de tristeza y desesperación, porque sabe que jamás lo volverá a ver. Percibió, que es su amado Alexander, quién todos los días la visita a las 7:12 de la tarde, la espera llegar a casa, presiona el botón con la cinta morada y, juntos, escuchan su playlist favorito.

Osvaldinus
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